Un perro callejero amarillo y enorme juega con un niño en la plaza a mis pies. En la banca de enfrente, un payaso también amarillo y enorme, abraza y cubre a su mujer que reposa en su pecho. Ella lo abraza como olividando el mundo y a su velocidad. Lo mira, se acomoda y vuelve a cerrar los ojos. El tiempo no importa para nosotros cinco.
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